Para el comienzo del viaje

viernes, 22 de julio de 2011

Día 13 (21 de julio, Kathmandu-Pokhara)

Nos pegamos otro madrugón de los que hacen historia: a las 5.30 suena la alarma, que a las 6.30 tenemos que estar en la parada de autobuses. El día anterior compramos 3 billetes de autobus "turístico" (que supuestamente es mejor) con destino Pokhara.

Recorremos las calles de Thamel y encontramos la estación sin prolemas. Al llegar nos meten las maletas en un maletero con bolsas de queso y pescado congelado con un tufo que marea. Le decimos al chico que mejor las llevamos arriba, que no queremos oler a pescado.

Desayunamos un café en un bar al lado del bus y conocemos a una pareja de Pamplona, que también van a Pokhara. El tío es un poco guay, así que entre eso y la caraja que llevamos, pasamos inmediatamente de él.

Nos montamos en el bus y ahí empieza el super viaje: un viaje de unas 8 horas para hacer poco más de 200 kilómetros. Recorre 200 metros y nos dicen que nos tenemos que bajar, que ése no va a Phokara. Nos montamos en otro bastante peor y nos hacemos con todos los asientos de atrás. Al fin hemos descubierto una compañía peor que Pesa.

A priori, el bus no tiene mala pinta, aunque tenga asientos viejos y poca ventilación.

Tardamos una hora en salir de Kathmandu y justo después hay que cruzar una montaña. Para cuando nos damos cuenta, estamos en una carretera mal asfaltada, con 6 metros en doble sentido y con un precipicio de unos 100 metros al lado. Es increible cómo pueden circular camiones, autobuses o furgonetas por esa carretera.



El viaje se hace eterno. Para las 10 de la mañana llevamos 5 horas despiertos y aún nos quedan 5 más de viaje. Paramos a comer en un restaurante (arroz con verduras por un euro) y, sin tiempo para digerirlo, partimos, que aún queda mucho.

No sé por qué pero el bus va a peor según va acercándose a Pokhara. O eso o que no podemos más. Nos damos cuenta de que no tiene amortiguadores y sentimos cada bache o pequeño desnivel. En este momento tememos más por un golpe en la cabeza debido a un agujero que por un accidente.

Después de más de siete horas de viaje, al fin (sobre las 14 horas) llegamos a Pokhara. Tenemos al chófer particular esperando en la estación, al chófer y otros 10 taxistas-comisionistas haciendo ofertas. Les pregunto si nos llevan al Amara Plaza y al instante contestan: "yes, yes, 150 rupees" o "yes, of course, over here". Cuando les decimos que "but it is in Spain", se quedan con cara de sorprendidos y sin poder reaccionar. Aprovechamos el momento de confusión para ir al coche de nuestro conductor, que es una carraca.

El hotel que nos vendieron el día anterior está bastante bien: tranquilo, con personal amable e, importante, con vistas al Himalaya. Esperemos ver el Annapurna, que no todos los días se tiene la oportundad.

Aprovechamos la tarde para informarnos sobre el treekingen esta zona y quedamos en hacer uno al día siguiente por la mañana y otro el domingo. Además, quedamos con el chico de la agencia para hacer rafting de camino a Kathmandu el lunes.

Por lo demás no hay gran cosa que contar. Cenamos en un restaurante con terraza (en horario guiri,sobre las 7pm) y nos vamos al hotel.

El recepcionista es un chico curioso. Es un chico de unos 20 años que transmite felicidad. Se ríe por todo, aunque parece entender poco y no aparenta muy espabilado. Al po re hombre lo tienen aquí en recepción día y noche y somos nosotros los que le damos algo de juego. Pero eso ya lo contaré otro día, que es hora de irse a la cama.

Un abrazo a todos los amigos, familiares y parientes que nos leeís desde ahí. Aunque parezca mentira, os echamos algo de menos.

jueves, 21 de julio de 2011

Día 12 (20 de julio, Kathmandu)

Nos pegamos el madrugón del viaje. A las 5 de la mañana estamos desayunando en el maravilloso buffet del hotel.  Los camareros están bastante más dormidos que nosotros y, si ya de por si no es que sean muy cariñosos, imagináos cómo de amables tienen que ser recien levantados. Pedimos mermelada para las tostadas y uno nos dice que no.

En fin, un desayuno bastante malo y pitando a hacer las maletas, no vaya a ser que perdamos el vuelo después de tantas vueltas.

Tenemos al taxi esperando fuera para llevarnos al aeropuerto, que esta a unos 2 kilómetros. Facturamos las maletas y cogemos el avión sin ningún problema (esta vez sí). El avión va casi vacío. Parece ser que va a haber pocos turistas en Nepal.

Llegamos y lo primero que hacemos es el visado. Una foto, una hoja con datos y 25$: ya estamos en Nepal (chúpate esa Zuru).

Lo absurdo llega ahora: vamos a coger las maletas y para ello tenemos que pasar primero por un detector de metales (pero si acabamos de bajar del avión habiendo pasado ya otro?). Total que pita pero da igual. Cogemos las maletas y tenemos que pasar otro detector de metales. Como para ir armado.

Antes de salir del aeropuerto nos atacan varias agencias "oficiales". No es el agobio de India, así que decidimos pararnos y echar un vistazo. Como siempre, salimos con hotel y translado al mismo, pero pagando en el check out, no en el mismo aeropuerto, que era lo aue ellos querían. Venimos de la India, ya no nos pillaís. Total, que nos querían cobrar 20$ y acabamos pagando menos (unos 16).

De camino al hotel, nos damos cuenta al instante de que, como bien nos habían dicho, esto es muy diferente a la India, a pesar de compartir frontera: está menos poblado, la gente conduce más pausadamente y es más acogedora, aunque la ciudad está totalmente contaminada. Y no es por la cantidad de coches que circulan, sino por la calidad de los mismos, que echan un humo negro que asusta.

Llegamos al hotel y tiene buena pinta. Tranquilo, limpio e, importante, ¡con wifi! Parece mentira que Nepal esté bastante más desarrollado que la India en este sentido.

Nos damos un descanso y salimos a dar una vuelta, para un primer contacto con el país. El hotel se encuentra en el barrio de Thamel, una especie de centro turístico, lleno de tiendas (sobre todo con material de montaña escandalósamente barato) y restaurantes acogedores. Hacemos alguna compra (entre ellas tus cagados, Agirre) y nos damos cuenta de que la gente no es tan insistente como en la India. El regateo se lo toman con más cachondeo y no insisten tanto: si no quieres, no pasa nada.






Por la tarde callejeamos un poco y volvemos al hotel a descansar, que estamos agotados. Hace mucho que no conocemos la hora de las 5.30 de la mañana y el madrugón pasa factura.

Facebookeamos y charlamos un rato hasta que nos entra el hambre. Decidimos ir a un italiano que está a unos 15 minutos y, a pesar de ser las 7.30 de la tarde, la calle da miedo: no hay luces y la gente es, digamos, algo dudosa. Al no encontrar el restaurante, decidimos volver cuanto antes y cenar cerca del hotel. Buena decisión, ya que hay uno con una terraza donde tocan música en directo. Un poco de pasta y al hotel, que nuestro cuerpo no da para más. Además, mañana toca madrugar otra vez, que tenemos un precioso viaje de 8 horas a Phokara a las 7.00am. Pero mañana será otro día.

Definitivamente, en Nepal se está mejor.

miércoles, 20 de julio de 2011

Día 11 (19 de julio, Varanasi-Delhi 2)

Este día se puede dividir en dos cachos: la mañana y la tarde, o lo que es lo mismo, todo fatal y todo bien.

Por la mañana madrugamos para no llegar tarde al aeropuerto, que al fin tenemos nuestro vuelo a Nepal (a las  12.30 del mediodía). Desayunamos con nuestro amigo el camarero (sí, mi gran amigo, el gordito con gafas y bigote que no me quiso dar una miserable tostada), y nos vamos a la habitación a preparar las maletas.

Todo va según lo previsto: bonito día soleado, Gurru y yo nos encontramos mucho mejor y tenemos vuelo en un par de horas. Nuestro buen día se trunca de golpe cuando nos cruzamos con Hans Topo (una mezcla de Hans Topo de los simpsons y Andrés Montes) en la recepción del hotel. El muy canalla nos quiere cobrar la segunda noche y una botella de agua mineral (que se pagó al momento).



Ya pagamos las dos noches a nuestro queridísimo amigo Shafi y, hartos de tanto timo, le decimos que nos vamos a ir y que si quiere algo, que llame a la agencia. Hace una llamada al instante y en 10 minutos viene un chico de la agencia. Cuando se saca el tema del dinero pierden el culo, aunque sea cosa de un euro. En cuanto este dice que no tenemos que pagar nada, nos vamos pitando hacia el taxi, con dirección al aeropuerto de Varanasi.

Llegamos en media hora y, nada más llegar, nos la olemos al ver que el vuelo con destino Kathmandu no aparece en las pantallas.

Tengo que hacer un paréntesis en este momento para explicar cómo funciona el aeropuerto de Benares:

-Para entrar se necesita un billete de vuelo, si no, fuera. No hay despedida posible.
-Al entrar hay que pasar un detector de metales que, si pita, da igual. Además, al entrar nosotros podemos pasar bordeando el detector.
-Hay unas escaleras para bajar del restaurante, que dan a la calle. Si a uno se le olvida el billete en el restaurante (como me paso a mí), adiós, ponte a explicar esto a los polis.
-Para salir del restaurante a veces hace falta el billete también, incluso para coger el ascensor.

En esta situación, nos encontramos con que los de Air India nos envían a su despacho diciendo "no problem". Sabemos que no hay vuelo, pero no problem.

Entramos en la oficina y nos sentamos en el sofá. Nos explican la situación y nos ofrecen hacer noche en Delhi para volar el día 20 a Nepal. Aceptamos pero, como buenos negociadores-regateadores, nuestra última oferta es cambiar el vuelo incluyendo hotel en Delhi con transportes.

Nos dicen que bien y en poco tiempo, mientras preparan nuestros papeles, nos hacemos dueños del despacho. Nos sacamos unas cuantas fotos en modo automático, ojeamos varios ficheros, revisamos nuestro correo electrónico en el ordenador y empezamos a hablar con los empleados.



En ese momento llega el jefe y le dice a un operario que, por favor, nos saque de ahí. Nos envían al restaurante (del que sólo se puede salir con billete) y nos invitan a un café. Nos quedamos ahí un buen rato y les pedimos que nos saquen la comida también, con cargo a Air India. En 20 minutos tenemos una hamburguesa en la mesa.

Sobre las dos nos vamos a nuestra oficina de Air India, a ver qué comentan. Les pillamos comiendo y decidimos hacer primero el check in.

En ese instante sufrimos en nuestra propia piel, una vez más, la ineficiencia de los hindúes: hay 6 personas en la mesa, uno trabaja, otro habla por teléfono y los otros supervisan. Entonces aparece un hombre clave en este día: una especie de justiciero del pueblo. Un tío del ministerio de Turismo, que reprende al personal, léase en acento hindi: "estamos esperando aquí como idiotas, que nadie quiere trabajar y no hacen nada. Esto es lo que pasa con las agencias del gobierno". Claro que sí, un tío con un par que dice lo que hay. Eso si, ahí todo sigue igual.

Hacemos el check in y nos vamos otra vez a la oficina de Air India. Pasamos sin preguntar y le exigimos un café al jefe. Nos pregunta si con leche o sin leche y al salir, le paramos para robarle una tostada de la bandeja que se lleva. Nos sentamos en el sofá y con café y tostada en mano, vuelta a las duras negociaciones. Ahí nadie trabaja y les pedimos, por favor, a ver si podemos llegar a coger su vuelo.

Salimos a por otro café con un operario con billetes de avión, hotel cinco estrellas en Delhi, con desayuno y cena, y transportes.

El vuelo sale según lo previsto y a partir de aquí se podría decir que viene la parte positiva del día.

Al llegar a Delhi, Borja y yo cambiamos los vuelos de vuelta desde Kathmandu y solo nos cuesta 15 euros! Por ahora la cosa va bien.

Nos llevan en taxi al hotel y el hotel es bastante bueno, con wifi, habitaciones individuales al nivel europeo, buffet, etc. Pero sopresa: en el hall nos encontramos con unos 300 afganos gritando. Parece ser que el hotel acogía una convención de afganos. Lo que nos faltaba.

Nos vamos cada uno a su habitación y al fin nos damos un baño de agua caliente, que ya nos lo mereciamos.

Cenamos en buffet hindi bastante asqueroso y nos vamos pronto a la cama, que al día siguiente parece ser que sí, nos vamos a Nepal en el vuelo de las 7.30 de la mañana.

Ahí se acaba un día más, repleto de sorpresas. Uno se levanta en India y sabe cómo va a empezar, pero nunca cómo lo va a terminar.

martes, 19 de julio de 2011

Día 10 (18 de julio, Varanasi)

La noche es horrible, pero mejor nos saltamos esta parte.

Me quedo durmiendo en la cama hasta la hora que sea, para recuperar algo las horas de sueño y no llego al desayuno. Al haber devuelto casi toda la cena de ayer, tengo el estómago vacío y estoy falto de energías, así que decido ir al restautante a ver si, por favor, me pueden dar un par de tostadas para llenar la tripa. Una vez más, me envuentro con la hospitalidad de los hindúes. El camarero (un hombre bajito, gordo, con bigote y gafas, muy gracioso, de película) se me acerca y me pregunta si deseo algo. Le explico que he pasado mala noche y que necesito algo para recuperar fuerzas. El hombre me dice que la hora del desayuno ya ha pasado. Le vuelvo a contar la historia y le pido por favor si me puede sacar una maldita tostada. Me dice que espere y se va dentro. Sale con la carta del menú y me dice: no breakfast. Le doy las gracias y me voy de ahí, que me encuentro algo mareado.

De vuelta en la habitación, me tumbo en la cama. Gurru y Borja se van a visitar el mítico río Ganges. Pero el paseo no dura mucho, ya que Gurru se encuentra en un estado crítico. El panorama en la habitación es de fiesta total: en la cama sin apenas podernos levantar.

Decidimos hacer un pequeño esfuerzo y vamos a comer. La comida dura poco: yo me voy pitando sin apenas tomar el zumo, Gurru come un arroz blanco y se marcha con fiebre a la cama y Borja no come porque los spaguettis son "a bit spicy".

Después de la siesta, quedamos con Andersson, que se aloja en el mismo hotel, cerca nuestro. Quedamos para ir a ver el Ganges y coger un bote y dar un paseo. Ahí empieza la aventura de la tarde.



Cogemos un tuc tuc y nos vamos cerca del Ghat principal. Los Ghat son unas escaleras que dan al río Ganges, donde la gente se da un baño, lava la ropa o lanzan los cadáveres de sus seres más queridos.



Nada más bajarnos del tuc tuc, ya tenemos al típico guía que, por supuesto, "no money". Le decimos que si quiere venir con nosotros que perfecto, pero que no pensamos pagarle nada. El tío dice que muy bien, que no lo hace por dinero. Nos da una tarjeta (supuestamente para acreditar su oficialidad) y da la casualidad de que la tarjeta y la historieta son la misma que un hombre les ha dado por la mañana a Borja y Gurru. La historias que te venden son un poco triste además de poco originales, ahí van unas cuantas:

-Hola hola coca-cola.
-Barcelona, Madrid, Sevilla, Zaragoza, Messi, Villa (todo esto de carrerilla y sin apenas poder respirar)
-Mi hermano vive en Barcelona
-Oh, you're from Spain, beautiful place
-Tengo una novia en Valencia
-Que exportan a Bilbao, Madrid y Barcelona
-Mira mira Cachemira

Y muchas más que nos dejamos por ahí.

Estos días hay una especie de fiesta en Varanasi, el centro espiritual de la India. Los Marawayis, unos hombres vestidos de color naranja y procedentes de las zonas rurales, recorren más de 200 kilómetros descalzos para coger agua del Ganges y honrar a Siva en el templo de oro. La verdad es que es una ciudad que merece la pena ver a pesar del caos y la polución.

De camino al Ghat, vemos a un grupo de ancianos que esperan, cerca del crematorio, a su muerte. La imagen es muy dura, pero uno se acostumbra a ver este tipo de cosas.

Al fin llegamos al Ghat y el guía tiene alguna comisión con un patrón de alguna barca, ya que en seguida nos viene a ofrece un paseo en barca por 2000 rupias. Le decimos que no, que en la lonely planet pone que como mucho se pagan 200 por cada persona. Nos dice que su última oferta es 1900 rupias y le decimos que muy bien, que la nuestra es de 900. Nos vamos y el tío sigue insistiendo, bajando constantemente su "última oferta".

Al rato nos viene otro y nos dice que una vuelta de una hora por 250 rupias cada uno. Le decimos que 200 cada, pero no baja y aceptamos. La barca es para unas 15 personas y tenemos que esperar a que se llene. Como no viene nadie, nos dice que pasemos a otro más pequeño.



Empieza el paseo y la imagen es muy dura. Pasamos cerca del crematorio, donde las familias incineran a sus familiares en una hoguera. El guía nos informa de que no queman a gente que tiene lepra, muere por picadura de una cobra, mujeres embarazas, niños o clérigos, a estos los echan directamente al río en un saco. Así, vemos a unos cuantos cadáveres flotando durante nuestro paseo. Lo más fuerte es ver a niños bañándose y emjabonándose a esacos metros de los cuerpos.

Ya de vuelta, tenemos otra experiencia "Incredible India". Al bajarnos del bote, el hombre que nos había pedido 250 rupias por cada persona, nos pide 1000 en total. Le preguntamos a ver por qué y nos contesta que este barco era más pequeño, pero es que nosotros habiamos aceptado la oferta de 250. Hartos ya de este tipo de timos, le decimos que o coge las 750 rupias o nos vamos sin pagar. Las coge y nos vamos con el guía (que para entonces sigue con nosotros a pesar de no querer dinero) a por un rickshaw. Al montarnos en la moto, el guía nos pide una propina, la cantidad que queramos, siempre que dicha cantidad sea de su agrado. Le damos 100 rupias y pide más, así que que le den morcilla. Nos vamos al hotel.

El conductor nos pide 200 y le decimos que hemos hecho la ida por 100, así que le ofrecemos 100. Acepta, pero claro, al llegar al hotel nos pide 150. Le damos cieny que se vaya por ahí este también.

No sé cómo lo hacen pero los hindúes tienen la gran habilidad que hace que uno acabe el día cabreado, normalmente por dinero, ya sean propinas, precios desorbitados o timos. No hay día que no haya bronca.

De vuelta en el hotel, vamos a la habitación a ver el estado de Gurru. Esperamos por nuestro bien, y so re todo por el de él, que haya mejorado con el antibiótico. Parece ser que está mejor y decidimos bajar a facebookear un poco antes de ir a tomar algo al bar con Andersson.

Charlamos un rato, conocemos a unas pamplonicas y nos vamos a la cama, que mañana nos espera el gran día, que una vez más, se complicará por nuestros amigos los hindis.

lunes, 18 de julio de 2011

Día 9 (17 de julio, Varanasi)

La noche en el tren fue, como ya lo dije, una de las peores de nuestras vidas. Es algo difícil de contarlo, pero ahí vamos.

Nuestro gran amigo del tourist office "oficial" tuvo la gran idea de cogernos los billetes nocturnos de tren que, en vez de partir desde Kajuraho, lo hacía desde Jhansi. Jhansi es un pueblo que no está en el camino a Varanasi, sino que hay que volver hacía atrás. El tío nos dijo que había buses hacía allí y que solo tardaba dos horas. Una vez más, nos damos cuenta de que nos ha mentido, ya que preguntamos a los del hotel y nos dicen que hay unas cinco horas en bus. Además, el último bus sale a las 11 de la mañana, por lo que no hay posibilidades de ir a Jhansi.

El chico del hotel nos propone ir a Mahoba y coger allí el mismo tren, pero en vez de ir hacía atrás, estariamos más cerca de Varanasi.

Así que nos coge un coche para ir a Mahoba, como ya conté en el día 8.

Entramos en el tren casi en marcha y sorpresa, una más: el apuntador nos dice que teniamos que haber subido en Jhansi y que no tenemos cama. Claro, los listos de ellos lo que hacen es, cuando hay una cama vacía, revender el billete. Entre esto y que el del hotel no nos había dicho nada al respecto (seguramente para llevarse una comisión por lo que pagamos por el coche), tenemos que hacer un trayecto de 10 horas en tren de pie. Perfecto.

Mientras discutimos con el tío, nos ignora por completo y se dedica a decir "no, no" sin apenas mirarnos a la cara. Casi llegamos a las manos ahí mismo. Estamos bastante hartos de los hindúes. De verdad, la gente es muy mala aquí, nadie ayuda nada en absoluto. Una vez más, "incredible India".

Pasamos tres horas de pie, hasta que un tío nos dice, a las cuatro de la mañana, que hay tres camas vacias. Sin pensarlo, nos tumbamos y dormimos hasta las 9 de la mañana.

Nos despertamos casi en Varanasi y al salir del tren ya tenemos a 10 hindúes al rededor. Tuc tuc, taxi, guías,... Lo de siempre. Me paro a ponerme las lentillas y aquello parece un show: todos mirando viendo cómo me las ponía.

Regateamos con todos los conductores y vamos al hotel por 20 rupias. Lo de regatear es un arte, un arte que poco a poco empezamos a dominar. La verdad es que o te pones duro o te sacan hasta la última rupia.

Llegamos al hotel y hacemos el check in. El hotel tiene buena pinta pero, como siempre, te acaba defraudando.

Decidimos ir a la piscina de otro hotel, el hotel Surya. Nos lo habían recomendado y al llegar, nos damos cuenta de que sí, es bastante mejor. Llegamos con la camiseta empapada y nos vamos directos a comer algo, que llevamos 15 horas sin comer nada.

Al terminar, decidimos llamar al Shafi (el operador y gran amigo nuestro de la agencia) para que nos traslade a este.

Vamos a nuestro hotel y los de recepción no nos ponen más que trabas para hacer el check out. Aquí no te ayudan en nada, todo es dinero.

Al fin conseguimos irnos al otro hotel. Echamos siesta y al despertarnos, escuchamos música a tope en la piscina, algo así como dance hardcore hindú, de esto que suena en el Itzela de Varanasi. Decidimos probar suerte después de tanto tiempo sin fiesta, nos ponemos nuestros mejores trajes de gala y nos vamos a la fiesta.

Al entrar en la piscina, sopresa, nos quedamos de piedra ante tal espetáculo bochornoso: 20 hindúes en una piscina y lo mejor, un hindi con turbante solo bajo una carpa que echaba agua bailando como si no hubiera un mañana. Madre mía, menudo show. Puede que sean mala gente, pero son de lo más graciosos.

Un camarero nos invita a marchanos, ya que es una fiesta privada, pero tranquilo majo, que no tenemos ningún interés en permanecer ahí.

Vamos al bar del hotel y una vez más comprobamos la total ineficiencia de los hindis: hay unos 10 camareros pero tardan 10 minutos de reloj en servir una cerveza, que además, la traen caliente.

Tomamos alguna cerveza y nos vamos a cenar al hotel. Pedimos comida hindi (error) y nos vamos a la habitación.

La noche no es que sea peor que la del tren, pero tampoco es buena. Digamos que la comida hindi pasa factura.

Mañana último día en la India: tranquilidad por la mañana y bote por el Ganges.

domingo, 17 de julio de 2011

Dia 8 (16 de julio, Khajuraho)

Nos levantamos sobre las 8 de la mañana, que habiamos quedado con Andersson y Guillaume para desayunar en una azotea e ir a ver un templo del norte. Para las ocho y media tenemos a los dos esperando en el hall del hotel y nosotros aun sin ducharnos. Andersson debera tener una buena resaca, que ayer empezo a beber cerveza en la comida y acabo la velada antes de la hora en la cama y con dolor de cabeza.

Desayunamos tranquilamente en una azotea de un italiano (muy barato, por euro y medio 4 tostadas con mantequilla y mermelada, zumo de naranja, tortilla francesa y cafe) y nos vamos a uno de los pocos lugares interesantes del pueblo. La verdad es que es un sitio agradable, tranquilo y sin mucho ruido.

Sin apenas tiempo para despejarnos, nos encontramos con el momentazo del dia y descubrimos otra vez el por que de "Incredible India!". Al ser el templo mas bonito y mas cuidado del pueblo, la entrada cuesta 250 rupias (unos 4 euros). Preguntamos amablemente si el de silla de ruedas tiene la entrada gratuita y el de la taquilla nos dice que si, por lo que compramos 4 entradas. Al entrar por la puerta el policia le pregunta a Guillaume donde esta su entrada, y este le responde que en taquilla le han dicho que la silla de ruedas pasa gratis. Vamos a hablar con este y, al ver la cara de enfadado del policia, nos dice: "si, la silla de ruedas puede pasar gratis, pero el tiene que pagar la entrada". Por dios, pero esto que es? Si al final les tendremos que dar las gracias por no cobrarnos la entrada de la silla. En fin, una mas, y ya van unas cuantas en 8 dias.



El templo es de lo mas bonito que hemos visto hasta ahora. Un jardin bien cuidado con pequenos templos con figuras que ilustran el kamasutra. Damos un paseo, sacamos fotos y charlamos un poco. Es curioso como los hindues se quedan mirando fijamento a los occidentales sin decir nada. Por decir no dicen ni hello.




Hacemos el check out en el hotel y dejamos las maletas en recepcion. Hacemos alguna compra de productos basicos y entre ellas nos cuelan el timo del dia: despues de regatear unos cuantos minutos por unos canzoncillos, nos damos cuenta en el hotel de que nos los han vendido 8 rupias por encima del precio oficial, que estaban en la etiqueta de la caja. Ya no se si es que nos ven cara de pringados o es que es una camra oculta.

Comemos en el patio del hotel y para entonces nos hemos convertido en los amos del hotel: nos traen la comida al patio (cosa que lo hemos inventado nosotros), entramos en recepcion cuando nos da la gana, vamos al frigo del hotel a meter las botellas de coca cola, etc. Pasamos una agradable tarde de charla con Guillaume, Andersson, tres nuevas francesas que acaban de llegar al hotel, Genma (la de Guadalajara) y alguno mas que se acerca por ahi.

Para las siete y media preguntamos como va el tema del billete del tren que tenemos que coger a la noche, con destino a Varanasi. Lo curioso (por llamarlo de alguna manera) es que el idiota de la agencia nos vendio unos billetes sin confirmar aun. Y digo yo: como te pueden vender unos billetes, que ademas estasn pagados, pero sin confirmar? Esto solo ocurre aqui.

El colegui del hotel mira en internet y nos dice que tenemos cama, pero que en vez de ir a Jhansi a por el tren, es mejor cogerlo mas tarde en Mahoba. Es el mismo tren y se coge mas adelante, sin tener que volver atras.

Confiamos en el y nos pone un coche para ir a Mahoba. GRAVE ERROR. Si algo estamos aprendiendo aqui es que en la India no te puedes fiar de nadie.

Cenamos en el patio una vez mas y para las nueve tenemos al coche esperando en la puerta del hotel. Nos despedimos del frances y del brasileno (sobre todo del frances, que ya no le volveremos a ver) y al primero le deseamos lo mejor para su futuro programa.

El coche en el que viajamos es de los mejores que hemos visto. Vamos a toda leche por una carretera secundaria (secundaria de verdad), a oscuras y con "Give me everything" a tope. Asi, llegamos a Mahoba sobre las 23.15 de la noche y la imagen es subrealista: una estacion de tren con cientos de personas durmiendo en el suelo, una vaca comiendo carton, un perro comiendose una rata muerta, etc.

Pasamos algo de miedo, pero sobre la 1.15 de la manana llega el tren con destino a Varanasi. Felices de la vida, nos montamos en el, sin saber que nos aguardaba una de las peores noches de nuestras vidas...

To be continued

sábado, 16 de julio de 2011

Dia 7 (15 de julio)

Para motivar la lectura del blog (y para los fieles seguidores), hoy incluire varias fotos de nuestro periplo.

Llevamos una semana ya en la India y bueno, no es que nos haya encantado el pais. Hay algunos lugares que merecen la pena, pero en general el pais deja mucho que desear, tanto las personas como los sitios.

Despues de esta pequena reflexion, sigo donde lo dejamos en el dia anterior (noche en el tren). El viaje del tren es mucho mas agradable de lo esperado y dormimos bastante. Bueno, hasta que el hombre de la litera de arriba decide abrir la persiana y sentarse practicamente encima de Borja. Ya nada nos sorprende en este pais. Ahora, bajamos en Kajurajho porque el de arriba nos avisa, que sino nos vamos hasta Pekin.

El sleeper train esta bastante bien. A pesar de ir en la peor clase (en la tercera), cada compartimento tiene seis camas y se puede dormir perfectamente. Eso si, lo de los bocinazos debe ser costumbre, porque no es normal que un tren pite durante una hora entera. Seguramente seria para que las avcas se apartasen o algo asi.

Llegamos a Kajuraho, un pequeno pueblo entre Agra y Varanasi, aunque en otro estado diferente, no Uttar Pradesh. Nada mas llegar cogemos un rickshaw con el amigo brasileno y nos vamos al hotel que nos habia contratado nuestro gran amigo de la agencia de viajes. De camino al hotel nos intentan vender guias, excursiones, etc. Lo tipico, pero a las 7 de la manana uno no esta preparado para pensar y menos en esas cosas. Asi que "yes, yes" y al hotel.

A priori tiene buena pinta, con un patio interior decente y una habitacion mas que aceptable. Nada mas llegar nos damos una ducha (24 horas sin ducharse son muchas horas, tambien en la India) y decidimos desayunar en el hotel.

Despues del estres de Delhi, Jaipur y Agra, Kajuraho nos ofrece una senacion de libertad que aun no habiamos visto en este pais. Al ser un pueblo de 7500 habitantes, es un lugar tranquilo y con gente mas agradable. Aprovechando esa sensacion de libertad (y que somos del norte), decidimos ir a unas cataratas que estan aqui al lado: 20 kilometros. Cogemos unas bicis por dos dias (un euro cada) con Andersson (el brasileno).


Nos dirigimos a las cataratas sobre las 10 de la manana, a unos 40 grados. Al principio el viaje es placentero, incluso nos permitimos el lujo de cantar la melodia de Verano Azul. Esto dura unos 10 minutos y para el kilometro 5 ya estamos sudando como nunca, con la camiseta empapada completamente. Y aun nos quedan 15 kilometros.

Al llegar nos damos cuenta de que se nos habia olvidado lo que era India: 150 rupias cada uno. Intentamos regatear pero el tio no cede. Esperamos por si se aburre o se arrepiente y en una de estas llega un rickshaw con un aleman cuanto menos peculiar. Al hombre se le ve bastante harto del pais, de tanto pagar y de tanto timo. El hombre (Weiner a partir de ahora) suelta la mejor descripcion de India que hemos oido hasta ahora: "Incredible India!". Patentamos la frase, que refleja a la perfeccion el pais. Ahora mismo mientras escribo descubro este poster en el ciber:



Decidimos pagar y entramos a la zona de las cataratas (otros 3 kilometros). Con los huesos del culo a punto de romperse, nos sentamos a verlas y sacamos algunas fotos. Es un lugar bonito, pero nada mas.



Sobre la 13 horas, con mas de 40 grados, con mas de 90% de humedad, con el monzon pisandonos los talones y sin probar bocado desde las 7 de la manana, partimos de vuelta al hotel.

La vuelta me la ahorro mejor, que fue un autentico infierno.

Llegamos al hotel, nos damos una ducha y llegamos justo justo al restaurante. Pedimos una coca cola para no marearnos y le decimos al camarero que nos llene la mesa de comida cuanto antes. Dicho y hecho (pero a la hora): tortillas, arroces con verduras, patatas fritas y sandwiches de tomate.

Al rato llegan las catalanas y decidimos tomarnos la tarde libre despues de la locura de la manana. Sobre las 7pm nos juntamos bastante gente en el patio interior a tomar unas cervezas: dos catalanas, una de Guadalajara, otra de Corea del Sur, un brasileno, nosotros y un frances.

Tengo que hacer hincapie en este hombre. Es un frances (Guillermo, en castellano) que viaja por todo el mundo, y aqui viene lo mas impactante, EN SILLA DE RUEDAS. El tio es un crack. Nos cuenta como hace un tiempo conocio a un chico que viajaba por el mundo, al igual que el, pero grabandolo en video y ambos propusieron a varias cadenas francesas hacer un programa de como viajar por el mundo como mochilero y en silla de ruedas. Tuvieron no una oferta, sino tres de diferentes cadenas francesas. Ahora mismo se encuentra por la India y Nepal preparando su primer reportaje, que sera por Mexico.

Ademas de Guillaume, conocemos a mucha gente interesante e intercambiamos muchas anecdotas y experiencias, pero la sensacion de desencanto es general.

Sacamos comida, cervezas, postres, etc. y al final nos encontramos con que mucha de las personas se han ido sin pagar y con una factura de 1500 rupias! Pagamos, nos tomamos la ultima con un hombre muy simpatico del hotel (uno de los poco de verdad) y nos retiramos a la cama.

Cada vez nos quedan menos dias para ir a Nepal. El viaje esta siendo increible, pero no por el pais en si, sino por la gente que estamos conociendo, las risas que nos echamos con los de aqui y la agradable sorpresa que ha sido el descubrimiento de la comida hindi.

Me despido con la frase de nuestro amigo Weiner: "Incredible India!". Manana sera otro dia.